Nota de interés
Convertir una pasión en empresa no es un camino fácil. Requiere disciplina, amor y visión. Cuando estos elementos se unen, los resultados pueden transformar vidas. Así nació Charly Art Crust, la pastelería y repostería creada por Carlos Mario Romero Barragán, un joven ibaguereño que decidió formalizar su sueño y consolidar su marca.
Con apenas 19 años, Carlos Mario descubrió que la repostería era mucho más que un pasatiempo. “Siempre supe que este era mi proyecto de vida”, afirma. Esa convicción lo llevó a formarse en el SENA y a estudiar Gastronomía y Culinaria en la Fundación Universitaria del Área Andina, donde hoy cursa cuarto semestre. Allí convirtió la pasión que empezó en su hogar en una oportunidad de negocio, respaldándose en conocimientos técnicos y en la resiliencia que forjó en los momentos más difíciles de su vida.
El primer gran paso fue registrar su empresa. Con el tiempo, entendió que debía proteger su marca, un proceso que recuerda como decisivo: “Proteger la marca fue un momento transformador. Me di cuenta de que no solo estaba defendiendo un nombre, estaba asegurando el futuro de mi empresa y el esfuerzo de todos estos años”.
Con el apoyo de la Cámara de Comercio de Ibagué y la Alcaldía, en 2024 logró registrar legalmente su marca y acceder a asesorías en identidad visual, diseño y construcción de marca. Este proceso le permitió consolidar una identidad más fuerte, generar confianza entre clientes y proveedores, y ver cómo la visión que tenía en mente empezaba a materializarse.
Hoy, gracias a su marca registrada, Charly Art Crust se proyecta como un negocio sólido: negocia en mejores condiciones con proveedores, inspira confianza y es reconocido por ofrecer calidad, confianza y un sabor único. “Tener la marca registrada me cambió por completo la forma de ver mi negocio. Ahora mi marca es mi mayor activo, me da seguridad, proyecta seriedad y me abre puertas para seguir creciendo”.




El acompañamiento de la Cámara no solo lo ayudó en el proceso de formalización y registro de marca, también le permitió convertirse en proveedor de la entidad, una experiencia que impulsó su crecimiento empresarial y le dio mayor visibilidad en el mercado local.
Hoy, Charly Art Crust se distingue por productos elaborados con ingredientes frescos, técnicas innovadoras y un toque personal que se siente en cada bocado.
Las proyecciones de Carlos Mario son claras: “A corto plazo quiero fortalecer la imagen del negocio y ampliar la base de clientes; a mediano plazo innovar en productos y crecer en infraestructura; y a largo plazo, expandir la marca mediante franquicias que permitan llevar nuestros sabores a más rincones del país”.
Su mensaje para otros emprendedores es directo: “Registrar la marca no es un gasto, es una inversión en el futuro de la empresa. La formalidad protege lo construido, genera confianza ante clientes y proveedores y abre oportunidades que de otra manera no llegarían”.
Historias como la de Carlos Mario muestran cómo Ibagué se fortalece gracias a jóvenes que apuestan por la formalización y el registro de marca como base para crecer, consolidar sus empresas y transformar sueños en realidades.






